
De pequeño, Unai Sordo (Barakaldo, 53 años) quería ser como Manolo Sarabia, el futbolista del Athletic que le ganó un pulso a Clemente. Su primer sueldo fue de repartidor de pasteles por Bilbao. Se licenció en relaciones laborales y trabajó en una maderera de la que fue despedido poco antes de asumir la secretaría de Juventud de CCOO en Euskadi. En junio fue reelegido para su tercer mandato al frente del sindicato, que cuenta, asegura, con casi un millón de afiliados. “El pico de influencia fue en el franquismo, con nuestros Mandelas”, cuando no eran legales. Hoy lamenta el “estancamiento” del diálogo social por una pinza entre la CEOE y la fragmentación parlamentaria.

