Nada de lo que ocurra este domingo en Interlagos (18:00 horas, Dazn) será definitivo en la primera gresca a tres de la Fórmula 1 de la tecnología híbrida. Pero los patinazos no penalizan igual si tenemos en cuenta que el margen para corregirlos es cada vez más estrecho. Lo sabe Max Verstappen, el que llega más apurado al tramo decisivo de la temporada, y también Oscar Piastri, metido en la dinámica funesta de la que su vecino de taller, Lando Norris, ha salido con ese barniz de estupendismo que tanto atrae a unos, y tanto repele a otros. Red Bull, normalmente aliado de Verstappen, esta vez le complicó la vida en Brasil, donde el holandés volador dejó al tendido con la mandíbula en el suelo tras quedar eliminado en la primera criba de la cronometrada (Q1), en la que terminó el 16º. Sobre un asfalto muy delicado por la lluvia que hizo estragos en la prueba corta, la falta de agarre martirizó a la escudería energética y a su buque insignia, que se fue a su caravana con cara de alucine: “No entiendo nada”.
