Una escena recurrente estos días es ver a columnistas, políticas y youtubers que han hecho carrera contra el feminismo —ridiculizando sus demandas, tachándolo de histérico y victimista— descubriendo de pronto un entusiasmo militante: el verdadero feminismo, dicen, es el que hoy recorre Irán. Nadie debería despreciar esta solidaridad con las iraníes; al contrario. Pero cuesta no sospechar que, por encima de ella, pesa el interés por convertir la protesta heroica de esas mujeres en argumento contra la izquierda y su feminismo. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ofrece un ejemplo de manual cuando sale en defensa de Julio Iglesias ante las acusaciones de abuso sexual de dos de sus empleadas con un tuit bastante singular: “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda”. Queriendo decir que no están en Punta Cana. Irán como munición argumentativa, más que como una causa a acompañar.
