
Un enorme sofá rosa, muebles lacados en blanco con patas torneadas en plata, un enorme vestidor atestado de ropa y un cuarto de baño desde el que se bajaba a un enorme jacuzzi con camas balinesas. Todo el lujo que cabía en una de las casas registradas a los hermanos Monis de Chiclana de la Frontera cuesta que creer que fuese fruto de un trabajo legal, máxime para quienes tienen un amplio historial delictivo. Lo curioso de su caso es que el origen fundamental de tanta ostentación no era directamente el narcotráfico, sino el suministro de combustible, conocido como petaqueo, a diversas organizaciones de narcos.


