A la presidenta de México se le acerca un mandril manoseador, la etílica garra hacia el busto y el hocico drogado casi lame su cuello. Los comentarios se centran en discutir si fue un montaje como cortina de humo político; o bien, saliva excesiva sobre la seguridad personal de la mandataria y queda hasta el final el tema nodal: por lo menos en México (sea en la acera, la alcoba o cualesquier formas de transporte colectivo) toda mujer está expuesta al acoso y hasta violación de su cuerpo.
